Gran parte de los temas navideños en nuestras canciones tradicionales no se basan, como sería lógico, en los textos de las Sagradas Escrituras, en los Evangelios Canónicos, sino que, por el contrario, la relación de estos cantos parece mucho más evidente con los llamados Evangelios Apócrifos, aquellos no aceptados como auténticos por la jerarquía de la Iglesia Católica. El motivo de este fenómeno puede radicar en la extrema parquedad de los Evangelios Canónicos al referirse a la infancia de Jesús, a su nacimiento, a las bodas de la Virgen y en general a todo el período anterior a la vida pública de Jesús, mientras que la imaginación popular ha creado numerosos romances y villancicos que narran con gran detalle estos y otros acontecimientos, desde la Anunciación hasta la infancia de Jesús pasando por las peripecias de la huida a Egipto, milagros y algo tan humano como podría ser el lógico sentimiento de celos por parte de San José al conocer el estado de María.
Otro problema bien distinto sería el explicarse cómo estas composiciones heterodoxas han podido sobrevivir durante cientos de años eludiendo el fino tamiz que imponía el Santo Oficio, lo que en el caso concreto de este romance en la versión que aquí presentamos, por su estructura métrica distribuyendo los versos en cuartetas y alternando las de metro octosílabo con las hexasílabas, así como la combinación de rimas parcial y total, sugeriría un origen tardío coincidiendo con la época de menor rigor inquisitorial, ya que la estructura descrita en estos romances aparece en los albores del siglo XVIII.
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