El
romance de La mujer del molinero y el cura aparece asiduamente
en gran número de canciones y recopilaciones
actuales, unas veces en versión íntegra
y otras con alguno de sus protagonistas desdibujado,
no sabemos si de manera casual o intencionada dada la
condición del burlado, un clérigo (M.D.
Torres: Cancionero Popular de Jaén, págs.
359-360. El protagonista aparece transformado de sacerdote
en «Señor de don Fulano», e incluso
aparece bajo el título de un romance distinto,
el de «La molinera y el Corregidor»). El
caso es que se recoge en otras muchas obras, por ejemplo:
– R. Menéndez Pidal: Los Romances de América,
pág. 170.
– Bonifacio Gil: Cancionero popular de Extremadura
I, pág. 36.
– Paúl Benichou: Romancero, pág.
258.
– Ángela Capdevielle: Cancionero de Cáceres
y su provincia, pág. 240.
– Pedro Echevarría Bravo: Cancionero musical
manchego, pág. 445.
– Arcadio de Larrea: Romancero judío del
Norte de Marruecos.
Entre otras razones, la importancia de este romance
radica en que nos evidencia la relación existente
entre el teatro y el romancero (o parte de éste).
El comienzo: «Si usted me escuchara un rato /
le contaría el entremés» es altamente
significativo, y ya Menéndez Pidal indicaba que
por su estilo sería fechable en el siglo XVII
y que ciertamente derivaba de un entremés de
nuestro teatro.
Se ha podido comprobar la evidencia de que este romance
proviene de un entremés de Luis Quiñones
de Benavente (¿1589?-1651) que se conserva en
el «Libro Manuscrito de Entremeses» (Biblioteca
Nacional / Durán, folio, 35, vto. y 38). Quiñones
de Benavente, al parecer ordenado sacerdote ya entrado
en años, fue un autor prolífico muy ensalzado
en su época por Tirso de Molina y Lope de Vega.
Escribió gran cantidad de loas, bailes, jácaras,
mojigangas y entremeses, que como en el caso que nos
ocupa, tras aparecer extractado en pliegos sueltos y
tras sortear férreas censuras ha llegado hasta
nosotros en la forma que lo conocemos.
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