Las canciones de intencionalidad política, tanto
anónimas como de autor conocido, han sido de
aparición constante a lo largo de la historia
de nuestra música tradicional. Por razones fácilmente
comprensibles, la mayor parte de ellas eran interpretadas
durante los días de Carnaval, cuando la licencia
y el amparo de la máscara suponían cierta
inmunidad ante la represalia.
El Chacho Manuel fue un personaje de ideas libertarias
que en el primer tercio de nuestro siglo, confeccionó
varias coplillas cantadas a un ritmo que, en el época,
sirvió de soporte musical a romances, rondas,
coplas de borrachos o carnavales: el tanguillo.
Son muchos los ejemplos que se podrían citar,
pero como muestra de provincias cercanas a la nuestra
encontramos:
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Si cuatro pillos supieran
lo que cuesta el trabajar
no abusarían del pobre
ni tampoco del jornal.
Ya vienen los segadores
de segar de los secanos
de beber agua de aljibe
toda llena de gusanos.
Ya vienen los segadores
de recoger la cebada
venimos a darle el voto
al Marqués de la Calzada.
Ya vienen los segadores
de segar de la Losilla
descalzos y sin un cuarto
e quebraos de las costillas.
Chinchilla (Albacete)
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«Según datos oficiales
en España sobra trigo
nosotros, bien enterados
que no es verdad le decimos,
la gente pobre
no lo entendemos
que sobre trigo
nosotros pan no comemos;
y el ricachón muy regalón
con su garganta libre
se come aquello que otro sudó».
Gójar (Granada)
«Somos unos candidatos
aspirando a diputados
que pedimos vuestros votos
para así poder lograrlo;
y tenemos que deciros que pedimos vuestros votos
para así poder lograrlo;
y tenemos que deciros
que vamos a hacer
mejoras muy importantes
al pueblo esta vez».
Molinicos (Albacete)
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El otro día compré
un paquete de pitillos,
y con él se envenenaron
siete hombres, tres chiquillos,
más de cuatro vigilantes
y cuatro carabineros,
siete músicos cesantes
y un batallón de ingenieros.
Como siga como va
la España tabacalera,
se dará por terminada
todita la España entera. |
Nuestra España es una
mesa
(en la ) que se juega mucho al monte,
el pueblo es la baraja,
los partidos, jugadores.
Y la carta que conviene
la echan sobre el tapete,
y si viene la contraria,
debajo de otra la meten,
por eso nuestros gobiernos
unos entran y otros salen:
son siempre los mismos perros
con diferentes collares. |
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