Gran parte de los temas navideños en nuestras canciones tradicionales no se basan, como sería lógico, en los textos de las Sagradas Escrituras, en los Evangelios Canónicos, sino que, por el contrario, la relación de estos cantos parece mucho más evidente con los llamados Evangelios Apócrifos, aquéllos no aceptados como auténticos por la jerarquía de la Iglesia Católica. El motivo de este fenómeno puede radicar en la extrema parquedad de los Evangelios Canónicos al referirse a la infancia de Jesús, a su nacimiento, a las bodas de la Virgen, y en general, a todo el período anterior a la vida pública de Jesús, mientras que la imaginación popular ha creado numerosos romances y villancicos que narran con detalle éstos y otros acontecimientos.
Otro problema bien distinto sería explicarse cómo estas composiciones heterodoxas han podido sobrevivir cientos de años eludiendo el fino tamiz que imponía el Santo Oficio.
La antigüedad de las fuentes (los Evangelios Canónicos fueron fijados en los concilios de Nicea -325 D.C. y Laodicea -363 D.C.) no resulta óbice para que la factura sea relativamente reciente (no anterior al siglo XVIII) en el caso de este villancico navideño que resulta ser, por su frescura, una pequeña joya del folklore musical de Sierra Mágina.
|